Escribe una demoledora carta a sus acosadores ante una reunión de ex alumnos y ya es historia de las venganzas de internet

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El bullying o acoso escolar se ha convertido en una epidemia en los últimos años en todo el mundo. Niños acosados por sus compañeros que obligan a los padres de la víctima a cambiarle de colegio, y en algunos casos, hasta de ciudad. Se conocen historias de chavales que después de mudarse de centro de estudios han seguido recibiendo los insultos y vejaciones de sus antiguos compañeros por las redes sociales.

Un verdadero problema que ha obligado al Ministerio de Educación de nuestro país a abrir un teléfono de atención al bullying (900 018 018), similar al que existe para la violencia de género, donde el pequeño puede llamar y denunciar a sus agresores siendo la llamada completamente anónima y gratuita. El servicio está activo las 24 horas del día los siete días de la semana y es atendido por profesionales como psicólogos y trabajadores sociales. Según los últimos datos que ofrece el Gobierno, que hacen referencia al año 2010, el bullying es un problema que afecta al 4 % de la población estudiantil menor de 18 años. Un tema muy serio.

Pero el acoso escolar no es algo que naciera ayer y, por desgracia, siempre ha estado presente en las aulas de nuestros colegios, con la única diferencia que antes estaba más normalizado con la excusa de que eran “cosas de niños”. No, maltratar, atemorizar, agredir, perseguir, machacar, humillar y convertir la vida de tu compañero de clase en un infierno no son cosas de niños, y nunca lo fueron. No nos equivoquemos.

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Lo peor de todo es que, años después de estos acosos, los agresores no tienen constancia del daño que causaron en las víctimas y siguen pensando que no había nada de malo en sus acciones. Javier Cid, periodista de El Mundo, ha publicado una demoledora carta en su muro de Facebook donde habla del bullying que sufrió en sus años de escuela. Y donde demuestra esta teoría: los mismos que convirtieron su vida en un infierno ahora lo invitan a una cena de reencuentro. Ver para creer.

Pero después de 25 años, la venganza de Javier se sirve fría y en el grupo de WhatsApp que comparte con sus agresores y compañeros de clase. Una venganza que, como dice el periodista, os va a dejar sin aire, “hijos de puta”.

“Llegó la hora. Sólo le pido a Dios, o a esas fuerzas vaporosas que mueven el mundo, que me alcance la vida para hacer mi revolución a tiempo. Necesito unos días, solo unos, y ya entonces podré morir en paz, con gran algarabía de pamelas en mis funerales. Hace 25 años que dejé el colegio, lo que venía llamándose la EGB, y con tal efeméride he sido incrustado en un chat de whatsapp con todos todos mis ex compañeros. Se está promoviendo un encuentro para festejar lo felices que eran hace un cuarto de siglo, cuando no tenían más runrún adolescente que jugar al fútbol y destrozarme la vida. Yo, que tengo poco que festejar de aquellos años terribles, guardo silencio. Leo los mensajes agazapado, enlutado en todos los recuerdos que me acorralan desde hace días. Sólo espero el momento de atacar; entonces, cuando pongan día y hora a su reencuentro miserable, escribiré una soflama tremenda que ya barrunto en mi cabecita loca. No estuvo el fútbol entre mis virtudes, pero sí el don de la escritura, y con esa lanza de palabras como balazos pienso clavarles mi desprecio. Por las pintadas de ‘maricón’ en las paredes del colegio. Por los cabezazos con los que me partisteis el labio y me rompisteis, también, un poquito por dentro. Por aquella tarde de invierno (había tanta nieve, la siento todavía hoy en las mejillas) en la que me destrozasteis una bici nueva al despeñarla por El Barranco, aquel paraje inhospito del barrio en el que años después yo perdería mi virginidad, menuda paradoja desesperada. Por humillarme, por avasallarme, por robarme las ganas, la risa y las palabras, porque me arrancasteis las ganas de hablar, de decir, de ser, durante una niñez que parecía no acabarse nunca. Con 14 años me libré de vosotros, creí que por siempre, y ahora resucitáis en un grupo de whatsapp que me sonroja, pues será que no os queda ni un trocito de vergüenza. Por eso voy a responderos en un post legendario, un ajuste de cuentas que hará historia. Será el mejor texto que escribí nunca, mi pequeño legado a la Humanidad. Por justicia poética, me voy a vengar con lo único que tengo, que es mi pluma. No lo haré por mí, pues tengo más agallas que todos vosotros juntos y a hostias me hicisteis más fuerte. Me hicisteis un hombre. Me hicisteis ganar. Lo hago por mi madre, a la que los golpes le dolieron más que a mí. Y lo hago por los chavales que aún hoy soportan lo insoportable, pues las peores guerras a veces se suceden entre pupitres. Os voy a dejar sin aire, hijos de puta. Y entonces, ya sí, cerraré esa puerta de una puta vez. Y ahora, si me disculpáis, voy a cenar callos con garbanzos, que son buenísimos para el vigor. Y, por cierto, me queda el consuelo de saber que habéis visto, al menos en foto, lo bueno que estoy”.

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