El tipo más borde que ha pisado ‘First Dates’ se queda sin habla al aparecer una espectacular princesa Disney

El secreto de First Dates.

A pesar de que en el programa lleva ya algún tiempo en antena, y su formato ha experimentado pocos cambios, en First Dates no dejan de superarse: en los últimos tiempos hemos sido testigos de las críticas a Matías Roure por su inapropiado comentario a una joven que acudía al programa a buscar su primer novio… o de la joven que confesó que quería ser Guardia Civil, pero cometió un error imperdonable para la audiencia del programa.

Cuatro

Parece que el programa mantiene su capacidad de sorprender, como si fuera el primer día… algo que tiene mucho mérito tratándose de un programa en ese horario, y con ese seguimiento en las redes sociales. Lo mejor de todo es que gracias a First Dates, estamos aprendiendo un montón sobre cómo ligar en este mundo moderno.

Pero lo que mucha gente se pregunta cuando ve el programa —especialmente cuando somos testigos de citas en las que se intenta arrejuntar a una pepera con un podemita—, es qué criterio siguen para emparejar a sus participantes.

“Me ha llamado la atención”.

Sea cual sea, seguro que Sperk no tiene queja. Gracias al programa ha podido conocer a Manuela, una tatuadora alicantina de 21 años que parece una auténtica princesa Disney —aunque ella asegura odiar todo lo que estas representan—. Harta de ser comparada con Jasmine o Pocahontas, se ve obligada a aclarar que ella pasa de príncipes azules porque “representan el sometimiento de la mujer al hombre”.

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Ella acudió a First Dates en busca de algo diferente, que se adaptase a su nuevo y optimista “nuevo yo”… ¿lo encontró? De primeras, se topó con el tipo más borde y cortante que ha pasado por el restaurante del amor de Cuatro, ¡y ya es decir! Algo tenían en común: Sperk es un tatuador vallisoletano de 21 años.

El caso es que a él su pretendienta le gustó mucho de primeras, a pesar de que afirmó que “entre tatuadores no nos llevamos bien”. Y la cita no se desarrolló mal, aunque básicamente consistió en ella hablando sobre cosas mientras Sperk la miraba con cara de póker. Mientras ella intentó mostrar su lado más alegre, él contestó con una energía negativa que lo inundó todo.

Manuela: “Pues yo quiero vivir 100 años.”

Sperk: “Pues yo con llegar a los 30 me conformo.”

Manuela: “Me lo esperaba. Eres ese tipo de persona. No me sorprende. A mí si me hablas de rollos que ya decía Kurt Cobain no me vas a sorprender… Pero de todo se sale.”

Sperk: “Menos de la muerte.”

El chaval defendió su nihilismo argumentando que odiaba a los niños y a los ancianos: “No me gustan los niños, ni las personas mayores, porque se creen con derecho a ser superiores. Yo cuando acabe mi etapa de juventud no voy a querer vivir más”, dijo sin sonrojarse.

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Manuela lo dejó claro cuando se levantó al baño para hablar por teléfono con una amiga, a quien le dijo que Sperk era “un poco básico, va como de… se cree diferente pero es como todos. No es tan majo”.

Por su parte, Sperk dijo que “en la cita ella ha hablado mucho, y también es verdad que cuando yo he querido intervenir tampoco he tenido mucha oportunidad, porque no callaba, hablaba demasiado… aunque no me parece mal tampoco”. Sentenció que “podría ser mi pareja perfectamente porque discutir y debatir me gusta”.

Nadie sabía qué esperar de la sentencia final, y Sperk sorprendió queriendo una segunda cita porque “a pesar de las discrepancias podría salir muy bien o muy mal”. Por su parte, Manuela dijo que “no la tendría porque quizás me recuerdas a mi yo del pasado. Me desencaja un poco con mi vida actual. Te veo como amigo porque como pareja tendríamos demasiadas discusiones”. “Pero me lo he pasado bien en la cita porque me gusta la gente borde”, fue su manera de zanjar la cuestión, ante la sorpresa de su pretendiente.

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