‘First Dates’ reencuentra a dos de los participantes que peor se llevaron y acaba como el rosario de la aurora

Lo que está logrando ‘First Dates’ noche tras noche es para quitarse el sombrero. El dating show más popular de la parrilla televisiva cumplía hace unas semanas su primer aniversario en antena, pasando en estos doce meses de que nadie apostase un euro por ellos a ser uno de los puntos fuertes de Cuatro.

La fórmula, aunque parezca sencilla, es muy difícil de conseguir: un presentador como Carlos Sobera –posiblemente uno de los mejores de España–, unos camareros con tan buen rollo como Lidia Torrent y Matías, y un equipo de guionistas que cada noche nos sorprende con nuevas historias. Bravo por ellos. 

Pero hay veces que ni Carlos “Cupido” Sobera puede hacer que una pareja que se ha conocido en el plató-restaurante quieran tener una segunda cita, y es que en el amor, unas veces se gana, otras se pierde y otras es mejor salir corriendo muy rápido sin mirar atrás. 

El último reencuentro de dos participantes que no terminaron precisamente bien su primera cita, Isabel y Manuel, ha acabado como el Rosario de la Aurora en esta segunda oportunidad. La entrada de Isabel al plató-restaurante más famoso de la tele fue bastante llamativa, tirando la chupa contra una silla y pidiendo una “birrita en condiciones” al barman Matías: “Soy como soy, me gusta ser como soy, y quienes me conocen me aceptan como soy”, y nosotros que nos alegramos.

Cuando los dos se encontraron, fue Isabel la primera que soltó la pullita: “la madre que me parió. Buenas noches, campeón”. La cara de Manuel cambió totalmente,  y con un “¡pero si eres tú. Vete por ahí, pero creía que a ti no te iban a llamar más!” dejó claro que ganas, lo que se dice ganas, no tenía de cenar otra vez con Isabel.

Pero no quedó ahí la cosa, y según subía la tensión en las mesas, el historiador aseguró que antes de otra cita con ella abandonaba el programa: “Si me ponen contigo en la mesa yo salgo disparado de aquí. Se puso a tirarse pedos, a rascarse los sobacos, a escupir. Era un comportamiento inaguantable”. 

Y como colofón a una velada inolvidable, Manuel le dedicó un feo gesto a Isabel que nos dejó con la boca abierta y el culo torcido. ¡Menuda peineta se sacó el historiador del bolsillo!

 

 

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