La denuncia de esta catalana después de sentirse vejada en la calle por vestir shorts se hace viral

En el momento de escribir estas líneas, 21.000 personas aplauden su reflexión y casi 10.000 han compartido las palabras de esta joven que solo pide que no se pierda el tiempo juzgando a los demás. Esta es la traducción del catalán que ha hecho Cribeo de la publicación de Clara Polo Sabat:

Esta soy yo hace unos minutos, cuando acababa de pasear por la ciudad. He decidido compartir con vosotros una anécdota que me ha pasado por la calle. El mensaje que quiero transmitir es POSITIVO e importante. Apreciaré muchísimo si os tomáis unos segundos para leerlo: gracias de antemano.

Ayer me compré los shorts de la foto: necesitaba unos pantalones que no fueran largos para no freírme en verano. Estos me hacen sentir bien, porque son cómodos y los encuentro bonitos, y además me sacan de mi zona de confort porque enseñan mis (no normativas) piernas.

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Ha sido así como he decidido salir a dar una vuelta, atrayendo, como consecuencia, diversas miradas furtivas (o no tan furtivas) de otros peatones hacia mis muslos. Algunos me juzgaban con sus ojos, otros me cosificaban, otros nada de las dos cosas, pero definitivamente, recibía más miradas de las que atraen mis piernas cuando llevo pantalones largos. ¿Alguien con los muslos gordos, con estrías, celulíticos y que se rozan (escojo estos motes como meros objetivos que describen objetivamente mi anatomía y que no emiten juicios de valor) llevando pantalones cortos a plena luz en público? Pero, hasta aquí, nada fuera de mi normalidad cuando salgo a la calle (y más todavía en verano por motivos evidentes).

En un momento dado, he decidido cruzar por un paso de cebra de una zona poco transitada. Un coche ha tenido que reducir la velocidad para dejarme pasar. Pocos segundos después, cuando ya había cruzado el paso y estaba caminando por la acera, he visto que el coche en cuestión hacía una maniobra para acercarse bruscamente a la acera y me he llevado un susto, rápidamente sustituido por la frustración de lo que ha pasado a continuación. El copiloto, un chico joven, tenía la ventana bajada y ha proseguido a proferir una serie de comentarios peyorativos en relación a mi físico y también a mis piernas (que no reproduciré aquí). En concreto, me atacaba por el tamaño de mi físico y por lo que he podido entender de los pocos segundos que he podido escucharlo (porque no me he parado a escucharlo sino que he seguido caminando) consideraba inaceptable que me creyera en posición de llevar unos pantalones que exhibieran mis “ofensivas a su vista” piernas.

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No estoy aquí para quejarme del lamentable ataque recibido. Prefiero aprovechar la ocasión para centrar este post en el siguiente mensaje: POR FAVOR, POR FAVOR: Educaos y educad en querer, aceptar, respetar todos los cuerpos, independientemente de su aspecto, forma, textura, color, tamaño, funcionalidad, estado de salud, edad, etc. Mantengamos conversaciones sobre esto. Deconstruyamos las maneras en que nos han enseñado a “ver mal” u “odiar” nuestros cuerpos y los ajenos. No es aceptable juzgar a otra gente o a nosotros mismos (de entre muchas cosas) por el aspecto físico. No sacamos nada, ni ayudamos a nadie.

Quien hablaba en boca de los chicos que me han insultado era su inseguridad y años de mensajes, imágenes, comentarios, conversaciones e insultos que les han enseñado que un cuerpo que no cumple los cánones sociales de belleza no es aceptable, y como consecuencia ha de ser objeto de burla, de falta de respeto, de no ser digno de ser deseado o querido. En definitiva, mensajes que han mermado nuestra autoestima y nuestras relaciones con nosotros mismos y los demás. No permitamos que esto siga siendo así. Todos los cuerpos son objetos dignos de respeto: nos llevan allí donde queremos ir, nos permiten hacer todo lo que queremos en el ámbito de sus capacidades, nos permiten querer a otros y ser queridos, nos permiten, ocasionalmente, crear vida, nos permiten también generar un impacto en el mundo. Son nuestro transporte en esta vida. Algunas de sus características son modificables con más o menos facilidad y otras no, pero en definitiva son solo una parte de lo que somos. Nuestra vida es, y perdonad si suena a tópico, corta. No vale la pena malgastar nuestro tiempo odiando nuestro cuerpo (o alguna de sus partes) por como es y por si cumple o no un estándar poco realista en la mayor parte de la población. En la diversidad, la belleza, o eso creo yo de una manera honesta.

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¿Os imagináis una sociedad donde no juzgáramos a nadie por cómo viste? ¿Una sociedad en la que un cuerpo gordo no fuera objeto de mofa? ¿Un cuerpo con diversidad funcional no discriminado? ¿Una sociedad donde un cuerpo enfermo fuera tan válido como uno sano? ¿Una sociedad donde un cuerpo fuera aceptado simplemente por lo que es, un objeto de transporte y no una arena política? Rechazo terminantemente sentirme dolida, avergonzada o triste por lo que ha pasado hoy o por los juicios que emite la gente, de manera más o menos explícita, sobre mi cuerpo y mis decisiones en relación al mismo CADA DÍA. Mi cuerpo es mío, y no es una arena política, de la misma manera que tampoco son un terreno de opinión o disección los cuerpos de los demás.

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Todos y todas podemos cambiar esas actitudes violentas, negativas o discriminatorias hacia los cuerpos. Deconstruyamos todas aquellas ideasd e belleza que nos han impuesto prácticamente desde que nacimos, y trabajemos por entender que la belleza está en nuestra mirada: en las “gafas” con las que miramos el mundo. Es ridículo e irreal pensar que solo hay una forma de ser “bonito” cuando no hay dos personas que sean iguales. Los estándares de belleza responden a una industria e intereses que se benefician de nuestro odio hacia nuestro propio cuerpo.

Este es un grito desde mi más rotunda sinceridad. Querámonos, que esto son dos días. Gracias por leerme y recordad: sois bellos y bellas.”

Vía Elegí mal día.

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