La reivindicación de una mujer después de cinco días ingresada en un hospital público: “Quiero la factura de todo lo que no he pagado”

Eva, como mucha otra gente que pasa por lo mismo, ha tenido a su completa disposición durante varios días a celadores, auxiliares de enfermería, enfermeras, ginecólogos y matronas. Además, muchas pruebas, servicios y por supuesto comida. Algo que no deja de ser lo habitual en casos de ingreso hospitalario en España, que cuenta con una Sanidad pública que lo garantiza.

Pero nuestra protagonista va más allá, y en una publicación que se ha hecho viral en las redes sociales ha pedido que tras este tipo de atenciones se facilite a la persona una factura de lo que le habría costado.

“Me han ingresado cinco días y al darme el alta solo he recibido un papel en el que me explican las instrucciones que debo seguir para mi tratamiento, mi próxima cita y la firma de mi ginecólogo”, dice. “Me habría encantado recibir también la factura de todo lo que no he pagado, la verdad. Porque creo que no somos conscientes de la suerte que tenemos y de la necesidad de luchar por que no nos arrebaten este sistema”.

En su reivindicación, cuenta que por ejemplo una cama en planta cuesta más de 1.000 euros por noche, y explica su caso:

“He tenido a mi disposición 24 horas durante estos días a celadores que me llevaban en la cama a paritorio y vuelta. Auxiliares de enfermería y enfermeras que venían a verme cada tres horas (tomarme la temperatura, la tensión, seguir mi historial, medicamentos prescritos, cambios de suero y vías, curas de las heridas…). Había un botón sobre mi cama por si necesitaba llamarlas entre visita y visita (tuve que hacerlo un par de veces de madrugada y no tardaron ni 2 minutos). Su trabajo también incluye tranquilizarnos y hacernos sentir cuidadas y acompañadas.”

Pero más allá de ese cuidado diario y constante, destaca también los especialistas y pruebas con los que ha contado:

“Ginecólogos que me han ido controlando las ecografías (3 al día con el consiguiente material y maquinaria), obstetras que trabajaban junto a los ginecólogos para comparar visiones y explorarme por dentro (2 veces al día). Matronas que controlaban las contracciones en monitores en otra sala (otras 3 veces al día), que me daban consejos y me enseñaban a tranquilizarme.”

En el caso de la comida, se ha tratado de una especial para una mamá gemelar, cuatro veces al día. “Leche caliente por las noches para que durmiese mejor. Medicinas intravenosas (4), suero (2) inyecciones (3), pastillas (6 al día). Pruebas de laboratorio (3 analíticas y 2 cultivos). Servicio de sábanas, toallas, pijamas limpios cada mañana. Jabón y esponjas. Servicio de habitaciones. Y por supuesto, quirófano listo por si hacía falta cesárea de urgencia”, contó.

Por todo esto, concluye que ha echado en falta una factura de todo lo que no ha pagado. “Deberían dárnoslas a todos para que las concentraciones las hiciéramos por motivos como no perder poco a poco esto que tenemos… En lugar de esperar a futbolistas en las puertas de la Agencia Tributaria”, dijo.

Aquí tenéis el texto completo:

“Me han ingresado cinco días y al darme el alta, solo he recibido un papel en el que me explican las instrucciones que debo seguir para mi tratamiento, mi próxima cita y la firma de mi ginecólogo.

Me habría encantado recibir también la factura de todo lo que no he pagado, la verdad.

Porque creo que no somos conscientes de la suerte que tenemos y de la necesidad de luchar por que no nos arrebaten este sistema.

Una cama en planta nos cuesta más de 1000 euros por noche.
Os cuento mi caso.

Yo he tenido a mi disposición 24 horas durante estos días a celadores que me llevaban en la cama a paritorio y vuelta. Auxiliares de enfermería y enfermeras que venían a verme cada tres horas (tomarme la temperatura, la tensión, seguir mi historial, medicamentos prescritos, cambios de suero y vías, curas de las heridas…). Había un botón sobre mi cama por si necesitaba llamarlas entre visita y visita (tuve que hacerlo un par de veces de madrugada y no tardaron ni 2 minutos). Su trabajo también incluye tranquilizarnos y hacernos sentir cuidadas y acompañadas.

Ginecólogos que me han ido controlando las ecografías (3 al día con el consiguiente material y maquinaria), obstetras que trabajaban junto a los ginecólogos para comparar visiones y explorarme por dentro (2 veces al día).

Matronas que controlaban las contracciones en monitores en otra sala (otras 3 veces al día), que me daban consejos y me enseñaban a tranquilizarme.

Comida especial para mamá gemelar, 4 veces al día.
Leche caliente por las noches para que durmiese mejor.

Medicinas intravenosas (4), suero (2) inyecciones (3), pastillas (6 al día).

Pruebas de laboratorio (3 analíticas y 2 cultivos).

Servicio de sábanas, toallas, pijamas limpios cada mañana. Jabón y esponjas. Servicio de habitaciones.

Y por supuesto, quirófano listo por si hacía falta cesárea de urgencia.

Así que sí.

He echado de menos una factura de todo lo que no he pagado durante estos días. Deberían dárnoslas a todos para que las concentraciones las hiciéramos por motivos como no perder poco a poco esto que tenemos… en lugar de esperar a futbolistas en las puertas de la Agencia Tributaria.”

Pasados unos días, y después de la repercusión de su petición—y también las críticas—quiso añadir información: “Hace unos años se decidió que la Sanidad pública en nuestro país se financiase a través de los impuestos que pagamos. Del IVA. O sea que tú vas y te compras un boli y ya estás dejando tu parte para la sanidad de este país. Porque claro los españoles nunca piden a su primo el pintor que no le cobre el IVA porque somos todos muy sensatos y buenos ciudadanos, así que funcionó la idea”, cuenta.

Y hace un párrafo de conclusión, de aprendizaje:

“La financiación de la Sanidad NO proviene de las cotizaciones en la Seguridad Social, sino de los IMPUESTOS que pagamos al consumir bienes y servicios. Ya tengas un DNI con domicilio en Torremolinos, o no tengas permiso de residencia (¡inmigrante! ¡vete a tu país! ¡venís aquí a parir y robarnos!, como me habéis dicho). De deberes os pongo googlear la palabra recortes.”

“Sin pretensiones de volver a liarla pardita, hoy voy a explicar una cosita que espero de verdad que se entienda bien. En especial va dirigido a las miles de personas (este término es un eufemismo) que me han insultado por el post sobre mi experiencia en el hospital. Allá voy. Por favor, coged aire y leed bien:

La Sanidad en España.

Hace muchos años, en 1986, en un reino llamado España, se creó una Ley General de Sanidad. ¿Por qué? Os preguntaréis los más curiosetes…

Porque la señorita Seguridad Social estaba muy atareada cubriendo muchas cosas como pensiones de jubilación, viudedad, orfandad, prestaciones de maternidad y paternidad…

Entonces, un día, unos señores dijeron ay dios que no nos da para tanto, que de aquí sacamos para unos cuantos resfriados y urgencias por uñas rotas, pero joder quien tenga una enfermedad crónica o un cáncer qué hacemos?

Y entonces se decidió que la Sanidad pública en nuestro país se financiase a través de los impuestos que pagamos. Del IVA. O sea que tú vas y te compras un boli y ya estás dejando tu parte para la sanidad de este país. Porque claro los españoles nunca piden a su primo el pintor que no le cobre el IVA porque somos todos muy sensatos y buenos ciudadanos, así que funcionó la idea.

Ahora voy a escribir un párrafo que se llama conclusión y es para repasar lo que hemos aprendido:

La financiación de la Sanidad NO proviene de las cotizaciones en la Seguridad Social, sino de los IMPUESTOS que pagamos al consumir bienes y servicios. Ya tengas un DNI con domicilio en Torremolinos, o no tengas permiso de residencia (¡inmigrante! ¡vete a tu país! ¡venís aquí a parir y robarnos!, como me habéis dicho).

De deberes os pongo googlear la palabra recortes.

Y aunque esto no tenga por qué decíroslo, soy de un pueblo de Huerva, queridos. Y ya con esto, zanjo el tema.”

¿Qué os parece a vosotros?

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