La sorprendente razón por la que los cirujanos utilizan el color verde y azul… el motivo está más que justificado

Posiblemente os hayáis fijado que en los hospitales las batas son verdes, azules u ocasionalmente granates. Tanto, que ahora mismo lo que nos llamaría la atención es que durante una operación estas fueran de color blanco, ¿verdad? Hay gente que cree que se elige estos colores para que las manchas de sangre no destaquen tanto sobre la indumentaria, sin embargo, este no es el motivo —ni todas las operaciones son tan sangrientas.

Tengamos en cuenta que el color de las batas ha evolucionado mucho a lo largo de la historia: al principio, durante la Edad Media, eran negras, pero claro… esto unido a la alta tasa de mortalidad durante las operaciones hizo que la gente asociara este look con la muerte, y algo había que hacer. ¡Pero este no es el motivo tampoco!

Durante el siglo XIX la medicina empieza a ser considerada una ciencia, y se impone un cambio de estilo. Para transmitir que las cosas ahora eran más serias, y que ya no ibas a una sala de operaciones a morir, se empezaron a utilizar batas de color blanco.

Desde el punto de vista psicológico, este color transmite al paciente pureza, bondad… vida, al fin y al cabo. Lo contrario que el negro, vamos. También hace que los pacientes sientan más confianza y piensen que hay un rigor científico en las decisiones de los médicos. Pero también tiene un sentido para los propios médicos.

Y es que con la bata blanca puesta, podrán ser reconocidos por los pacientes y por el propio personal como médicos. Es decir, es también un símbolo de autoridad. Pero además, es un color que delata rápidamente cualquier tipo de suciedad y, con ella, una posible infección, así que hay una razón muy práctica también.

Sin embargo, durante el siglo XX cambiaría este punto de vista: efectivamente, como comentábamos más arriba, el color rojo de la sangre contrastaba de una manera desagradable con el blanco de batas y sábanas. Pero, ¿a qué color cambiar, y por qué?

Pues en principio se escogió el color verde espinaca, que neutralizaba el brillo y el contraste de la sangre roja. Y además resultaba relajante.

Posteriormente, cuando mejoró la iluminación en las salas de operaciones, se derivó a un color verde más difuso. Y actualmente se compatibiliza con el color azul —un azul con gran contenido de gris.

Sin embargo, como ya habíamos comentado, el contraste del blanco con la sangre no es el único argumento científico para el cambio de color: el principal es que estos colores permiten ver mejor a los médicos en la sala de operaciones, al tratarse de colores que se ponen cromáticamente al rojo de la sangre.

Y es que tras pasar un rato viendo los colores rojo y rosado del cuerpo, el cirujano puede experimentar un agotamiento visual, y de esta manera se reduciría su capacidad para diferenciar matices en estas gamas de colores. Algo que sobre la mesa de operaciones podría ser fatal.

Alternar la visión con un color opuesto como el verda relaja y permite refrescar la vista, permitiendo otra vez diferenciar correctamente las distintas tonalidades de rojo y rosado.

Otro motivo es que cuando pasamos de ver algo rojo o rosado al color blanco, nuestro cerebro crea una ilusión óptica que nos hace verlo de color verde, un mecanismo de defensa a la monocromía que, nuevamente, podría ser fatal cuando se está operando.

El azul tiene otra ventaja: se trata de un color que resalta mejor en los monitores de vídeo en los que los estudiantes pueden estar siguiendo las intervenciones.

Un último argumento en contra del blanco es que puede producir reflejos molestos y desagradables al ser iluminado con potentes luces blancas.

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