Un profesor universitario renuncia a su puesto con una reflexión sobre la juventud que todos deberíamos leer

El periodista y académico uruguayo Leonardo Haberkorn ha escrito una carta explicando los motivos por los que abandona su puesto como profesor de periodismo en la Universidad ORT de Montevideo.

En el texto habla sobre el retrato de unos jóvenes que, finalmente, le han empujado a abandonar la enseñanza por puro hartazgo: “Me cansé… me rindo…”, ha titulado su carta, que ha puesto los pelos de punta a más de uno.

“Me cansé de pelear contra los celulares, con WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla”, comienza su exposición de motivos Haberkorn, quien se muestra cansado “de hablar de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies”.

“No todos son así, pero cada vez son más”, continúan el académico, quien rememora que “hace tres o cuatro años la exhortación a dejar el teléfono de lado durante 90 minutos aunque solo fuera para ser maleducados todavía tenía algún efecto”, pero “ya no”.

El profesor se pregunta si quizás el problema se debe a algo que él pueda estar haciendo mal: “Muchos de estos chicos no son conscientes de los hiriente que es lo que hacen”, lamenta.

Tras destacar la mala educación, el maestro pone el foco en el desinterés de estos jóvenes por la información, lo que hace cada vez más difícil “explicar cómo funciona el periodismo a gente que no lo consume y no le ve sentido a estar informado”: “Es como enseñar botánica a alguien que viene de un planeta donde no existen los vegetales”, expresa, antes de hablar sobre la empatía.

No obstante, el profesor trata de buscar el porqué de esta situación, y piensa que la culpa no es sólo de ellos: “Y entonces ves que a estos muchachos que siguen teniendo la inteligencia, la simpatía y la calidez de siempre los estafaron, que la culpa no es sólo de ellos. Que la incultura, el desinterés y la ajenidad no les nacieron solos. Que les fueron matando la curiosidad”.

“Entonces cuando uno comprende que ellos también son víctimas, casi sin darse cuenta va bajando la guardia”, reflexiona el profesor, que llega la conclusión de que es en este punto cuando “lo malo termina siendo aprobado como mediocre; lo mediocre pasa por bueno; y lo bueno, las pocas veces que llega, se celebra como si fuera brillante”.

“No quiero ser parte de ese círculo perverso. Nunca fui así y no lo seré”, afirma tajante el maestro, quien concluye con un rotundo: “Ellos querían que terminara la clase. Yo también”.

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