Una abuela creía haber estado cuidando de 3 gatos, pero su nieto notó que uno no lo era

A lo largo de los últimos años se han conocido incontables investigaciones científicas con las que se han intentado demostrar los beneficios para la salud tanto física como mental de la presencia de mascotas en el hogar. Algo que parece que nos empezamos a plantear hace unos cuantos años: a pesar de que no está del todo claro cuándo empezamos a tener mascotas, sí se sabe que nuestros ancestros de hace miles de años por ejemplo domesticaban lobos.

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Durante muchas décadas se ha dado por sentado que tener una mascota era bueno para la salud, proporcionando beneficios psicológicos, e incluso aumentando la esperanza de vida. Somos una especie que está permanentemente buscando contacto con otros seres vivos, incluyendo los animales. Así, las personas que no tienen este contacto social serían más vulnerables a las enfermedades y las infecciones.

Sin embargo, han aparecido algunos estudios que desmienten que existan estos beneficios. Entonces, ¿por qué seguimos teniendo animales en casa? Es difícil saber exactamente el motivo concreto, y seguramente sea una combinación de varios factores. En todo caso, los cachorritos son tan adorables… veamos la imagen una vez más.

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Nuestra historia la protagoniza una mujer a la que le encantan los animales… tanto que, literalmente, no hace distinción entre ellos.

Cuando Eric Hertlein fue recientemente a visitar a su abuela en Kansas, sabía que encontraría varios gatos callejeros en el porche, ya que ella es una amante de estos animales y desde hace tiempo les permite quedarse ahí.

Sin embargo, en esta ocasión había un gato que no era como los demás.

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De hecho, no era un gato.

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Sin darse cuenta, la abuela de Eric llevaba algún tiempo cuidando de una pequeña zarigüeya, pensando que se trataba de un minino. “Ella me aseguró que era uno de sus gatos”, comentó el joven. “Yo le dije que no era lo que ella pensaba”.

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“No entendía por qué me reía, hasta que le señalé la nariz puntiaguda y la cola fina. No se había dado cuenta de que no era un gato.”

La amable mujer incluso lo había bautizado: lo había llamado Tete, y aunque se quedó impresionada cuando su nieto le descubrió la verdad, lo cierto es que no le dio mucha importancia.

“No me ha causado ninguna molestia, así que me parece bien que se quede”, afirmó.

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Hablando con su abuela, Eric descubrió que Tete llevaba durmiendo en su porche desde que era una cría, ya que podría ser huérfano. Sea cuales sean las circunstancias que llevaron a Tete a ocupar la cómoda y calentita cama para gatos en la que ahora duerme, parece que en este caso se trata de una relación que beneficia a todas las partes…

Eric compartió la historia en las redes sociales, donde no tardó en convertirse en un fenómeno viral. Además, muchos internautas aprovecharon para relatar historias parecidas:

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